Hay dos trabajadores en la puerta de la residencia de ancianos de Sestao. La mayor parte de la gente que pasa por allí no sabe por qué esas dos personas están pasando frío en la puerta sentados en unas sillas y tapados con mantas. Los dos tienen más de cincuenta años.
Ellos preferirían estar dentro haciendo su trabajo, como lo han hecho los últimos 15 meses. Preferirían estar limpiando la residencia, porque para eso estaban contratados.
Pero el alcalde se lo impide. Desde octubre les ha prohibido la entrada a su puesto de trabajo y ha dado orden de que no les dejen pasar.
¿Y por qué semejante actitud? Muy sencillo. El trabajo lo hacen nueve personas, pero el nuevo pliego de condiciones para adjudicar el servicio a una empresa sólo contempla siete trabajadores. Si hay nueve trabajando, la empresa que consiga la adjudicación debe subrogar sus contratos, es decir, quedarse con los nueve, pero si antes se despide a dos el problema desaparece.
Y aquí entra en escena el "alcalde del empleo" que prohibe la entrada a los trabajadores y así facilita el despido. Todo un ejemplo de solidaridad, preocupación por los más desfavorecidos y buena gestión de gobierno. Cada día aprendemos algo más de él.