sábado, 26 de enero de 2013

Del todo vale, a no manchar la imagen de Sestao

Piensa el ladrón que todos son de su condición.

Es curioso, que no extraño, ver cómo los partidos políticos van cambiando según su estatus de poder. Lo observamos a diario en la política nacional y hasta no hace mucho, léase elecciones al Parlamento Vasco, en la boca del PNV.

Pero no vayamos a tan altas instancias. Lo podemos ver en nuestro municipio a diario. Cada vez que se saca a la luz un tema que preocupa a los ciudadanos, se nos acusa de que estamos desprestigiando nuestro municipio, o se tapan las vergüenzas achacándolo a la herencia recibida.

Pero hete aquí que existe una cosa llamada hemeroteca, palabra que a muchos políticos (si se les puede llamar así) les llena de miedo, por no decir pavor. Claros ejemplos tenemos en la política nacional, pero no subamos tanto.

Nuestro ínclito alcalde se pasó la anterior legislatura “haciendo oposición” (el cual era su papel), pero era una oposición tipo casa de Gran Hermano en la que todo se “magnificaba”. Puso a bajar de un burro a todo el equipo de gobierno sin importarle lo más mínimo dejar a la altura del betún la marca Sestao, que ahora tanto reivindica y defiende.

Se dedicó, junto a sus fieles voceros correveidiles, a dar “exclusivas” a sus medios de comunicación, como si Sestao fuese el plató de “Sálvame”. Daba igual que las informaciones estuvieran o no contrastadas, se aferró al “difama que algo queda” y a lucir palmito diariamente en los medios. Todo en Sestao era malo o estaba mal hecho y gracias a esta política populista, al mejor estilo Hugo Chávez, se aupó a la alcaldía. Aterrizó como “salvador del pueblo” y al día siguiente de las elecciones ya se habían resuelto los problemas de Sestao.

Pero el tiempo pone a cada uno en su lugar.

Tras casi dos años de “desgobierno", hemos podido comprobar que sólo ha vendido humo, que todas sus promesas electorales se han quedado en el papel donde se imprimieron, en definitiva papel mojado.

Dos años de parón municipal, dando de comer a sus amigos, con estudios y planes a precio de oro (perdón, quise decir externalizando servicios, que es lo que ahora está de moda), pero sin nada que ofrecer a la ciudadanía. Bueno, sí, nos ha regalado una fuerte subida de impuestos y una sala de spinning de última generación y con TV de pago, para que nuestros conciudadanos, al dar pedales, no piensen que se la han metido cruzada.